no a las drogas

el alto precio de la droga

Cualquiera puede ser presa de una adicción. Los flirteos del fin de semana o asociar el consumo a estados de estrés o algún otro estado de ánimo basta para que sin darse cuenta una persona acabe cayendo en las redes de las drogas. Aunque existe controversia a la hora de afirmar que el cannabis, el éxtasis o los alucinógenos no generan dependencia física, en lo que sí hay unanimidad es en la capacidad de las drogas para provocar dependencia psicológica emocional.
Laura Liz

A nadie se le escapa que el uso y abuso de drogas atenta contra la salud, pero lo que no está tan extendido en nuestra sociedad es que un abuso continuado de ellas puede originar una discapacidad en el consumidor. Independientemente de crear problemas de lenguaje, ceguera, daños irreversibles en órganos vitales y un buen número de enfermedades crónicas, en las que no sólo se involucra el individuo, sino también la familia, las drogas pueden causar la muerte.
Las drogas han estado presentes en todas las culturas y en todas las épocas y, a pesar del conocimiento que existe en la actualidad sobre sus efectos nocivos en el organismo, el número de personas que las consumen ha aumentado en los últimos años. Hoy hay más cantidad de sustancias y existen más facilidades para conseguirlas. El auge de su consumo entre los más jóvenes es también, cada vez más preocupante.
Conociendo los riesgos que suponen para el organismo y la salud mental no podemos dar la espalda a un problema que atañe a toda la sociedad. El perfil del consumidor habitual ha variado mucho en España en las últimas dos décadas. Frente al retrato que se hacía de los drogadictos como personas de pocos recursos, baja posición social y marginados, vulgarmente denominados “yonquis”, hoy el consumo de ciertas sustancias ya no está asociado a una clase social ni a un poder adquisitivo inferior. Los hábitos de vida y, sobre todo, la diversión y el ocio están estrechamente vinculados a estos cambios.
Muchas de las sustancias que se encuentran en el mercado ilegal están con frecuencia sometidas a procesos de adulteración. En estos casos, el posible consumidor no sabe qué es lo que está tomando y, por lo tanto, se sitúa ante unos imprevisibles riesgos añadidos. Muchas veces se ingieren mezcladas unas con otras, por ejemplo: porros y alcohol, éxtasis y alcohol, cannabis y cocaína, etc., sometiendo, de esta forma, al sistema nervioso a sacudidas contradictorias al multiplicarse los efectos de ambas sustancias.
La drogadicción se considera una enfermedad cuando se necesita un tratamiento para salir de ella, y no puede ser controlada por el consumidor. Según un estudio sobre La percepción social de los problemas de drogas en España, 2004, elaborado por la Fundación de Ayuda para la Drogadicción (FAD), el consumo de sustancias como el cannabis o la cocaína se ha elevado considerablemente. De hecho, un 24,4% de los españoles de entre 15-64 años reconoce haber probado el cannabis alguna vez, y lo contemplan como una sustancia menos peligrosa que el tabaco.            

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