no a las drogas

drogadiccíon y discapacidad

< p>Campañas de sensibilización, educación desde edades tempranas y una mayor concienciación social sobre las secuelas de las drogas todavía no han sido suficientes para frenar su consumo. De sobra son conocidos algunos de los efectos negativos del alcohol o del tabaco, sin embargo, existe una gran ignorancia sobre las enfermedades generadas por la adicción a otras sustancias. Enfermedades físicas y orgánicas que, si se dejan sin tratar, acaban declinando en graves trastornos a las personas que las padecen.

Sin embargo, no se puede obviar que la principal causa de discapacidad por el consumo de drogas y alcohol está estrechamente vinculada a los accidentes de tráfico. Su consumo merma la capacidad física y altera la percepción del conductor, repercutiendo en gran parte de los accidentes que se producen al año en España. Entre otras, el tráfico es el principal causante de lesiones medulares y cerebrales, de hecho se calcula que cerca del 10% de los accidentes más graves están relacionados con el consumo de estupefacientes.

El consumo crónico potencia daños en la médula ósea por envenenamiento, daños en los nervios craneales o en los nervios óptico y acústico, causando cegueras y sorderas.

La relación que existe entre la adicción a las sustancias tóxicas y la discapacidad surge en personas con un determinado perfil. No todas las personas que consumen drogas terminan padeciendo una discapacidad a causa de los efectos negativos de las sustancias y, ni mucho menos, el hecho de padecer una discapacidad es sinónimo del consumo de drogas. Se trata de una serie de casos con unas características determinadas, pero los que se han dado y se dan son suficientes para profundizar en los riesgos a los que se expone el organismo de un consumidor.

Aunque los efectos que producen al principio las drogas pueden resultar satisfactorios y placenteros, los resultados a largo plazo suelen incidir en el mal funcionamiento de los sistemas corporales. El sistema inmunológico se daña dejando paso a la vulnerabilidad de posibles infecciones. La cocaína, el cannabis, la heroína, el hachís, el crack, las drogas de diseño como el éxtasis o el LSD, son sólo algunos de los ejemplos del amplio abanico de sustancias ilegales que provocan daños físicos y orgánicos en los adictos. Pero no se pueden dejar de lado el alcohol o el tabaco, que aunque gozan de amparo legal y están socializados, sus efectos también resultan muy agresivos con la salud.

El cerebro se daña directamente con el alcohol, con la cocaína a través de inducción a parálisis y con el uso de drogas intravenosas por la oclusión de sedimentos en los capilares del mismo. El consumo crónico potencia daños en la médula ósea por envenenamiento, daños en los nervios craneales o en los nervios óptico y acústico, causando cegueras y sorderas. La toxicidad de estas sustancias afecta negativamente también al aparato respiratorio y al circulatorio.


 

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